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La infección por Chlamydia trachomatis es una de las enfermedades de
transmisión sexual (ETS) con mayor incidencia y, potencialmente, de las más
dañinas del mundo. La Chlamydia está en todas partes: 4 millones de casos de
C.trachomatis al año en los EE.UU., y 3 millones de casos al año en Europa y
pueden afectar a cualquiera: hombres, mujeres, e incluso a recién nacidos.
Una vez diagnosticada, el tratamiento de la infección por Chlamydia es bastante
sencillo y generalmente eficaz. Sin embargo, el problema estriba en que la
Chlamydia es difícil de detectar, siendo asintomáticos un elevado porcentaje de
pacientes infectados. Los métodos de detección habituales suelen adolecer de
falta de la sensibilidad o especificidad necesarias para un diagnóstico
preciso.
Dado que una infección no detectada puede producir graves consecuencias, desde
enfermedad inflamatoria pélvica (PID) hasta infertilidad, se necesita un método
de detección directa que proporcione un resultado oportuno definitivo.
La reacción en cadena de polimerasa (PCR) es la técnica más sensible para
detectar Chlamydia trachomatis. Esta herramienta diagnóstica, sencilla pero
elegante, imita la replicación natural de ADN amplificando secuencias genéticas
específicas “bien conservadas”, de forma que puede detectarse una sola molécula
de ADN en presencia de millones de otras moléculas de ADN. El resultado es la
detección directa de agentes infecciosos, tales como Chlamydia en forma precoz
y con gran precisión.
En el Laboratorio Clínico Roe, se utiliza la primera prueba para Chlamydia
trachomatis con la potencia de la PCR: sensibilidad exquisita unida a
especificidad de especie, en un sistema de diagnóstico completo, fácil de
utilizar y que produce resultados definitivos en forma precoz.
Hasta ahora los tests no han proporcionado el nivel de certeza necesario.
Consecuencia de ello es que muchos pacientes sintomáticos o asintomáticos, no
fueron tratados adecuadamente.
Otros pacientes, con un resultado no definitivo, pueden haberse mostrado
renuentes en cuanto al cumplimiento de un tratamiento empírico.
Por ejemplo, sólo en Europa, si esta prueba reemplazara al cultivo como
instrumento diagnóstico para Chlamydia, cada año miles de mujeres en cada país
del continente escaparían a la infertilidad provocada por Chlamydia. C.
trachomatis provoca aproximadamente el 50% de los casos comunicados por
uretritis no gonocócica entre los varones.
En los países europeos, aproximadamente 150,000 hombres por país padecieron NGU
en 1991. Pero los varones infectados asintomáticos son difíciles de
identificar.
De hecho, el 25% de los varones infectados son asintomáticos. Para reducir la
incidencia de la enfermedad, es esencial descubrir a estos portadores
asintomáticos de C. Trachomatis antes de que desarrollen síntomas o de que
sigan diseminando la infección.
Los tests normales no son suficientemente sensibles para responder a las
necesidades de la población asintomática. Algunas aplicaciones diagnósticas
están diseñadas para muestras de torundas genitales femeninas.
En otras, como ciertos inmunoensayos enzimáticos, los diseños de validación del
producto están orientados a la detección de niveles muy elevados de antígenos
de Chlamydia.
Además, la cruenta torunda uretral no es un procedimiento aceptable para la
mayor parte de los pacientes varones.
Para identificar fácilmente varones asintomáticos afectados, se necesita una
prueba sensible y específica que ofrezca comodidad al paciente.
Con la PCR se puede detectar fiablemente la Chlamydia, incluso en muestras de
orina masculina proporcionando un cómodo método de despistaje en la población
masculina asintomática.
En la mujer embarazada infectada, existe el peligro de endometritis post-partum
y un aumento del riesgo de mortalidad perinatal.
Muchos de los enormes costos asociados a la Chlamydia resultan de la
hospitalización de niños con neumonía por Chlamydia.
Y hay otras secuelas graves. Las infecciones clamidianas oculares en adultos y
niños han dado lugar aproximadamente a 20 millones de casos de ceguera en todo
el mundo. C. trachomatis es también un desencadenante de artritis reactiva con
una sintomatología que va desde una artritis pasajera aislada hasta una
enfermedad sistemática más grave que requiere una intensa y costosa terapia.
En conclusión esta prueba junto con la determinación de anticuerpos IgM en
sangre, conforman una excelente herramienta diagnóstica.
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